Sonreír, mantener la calma y ocultar la frustración también forman parte de muchos trabajos. Analizamos por qué esta regulación emocional constante puede producir agotamiento y qué pueden hacer las personas y las organizaciones.
Puedes pasar todo el día conversando, atendiendo personas y sonriendo.
Desde afuera, quizás tu jornada no parezca físicamente exigente. No cargaste objetos pesados ni realizaste una actividad corporal intensa.
Sin embargo, al llegar a casa sientes que no tienes energía para hablar con nadie.
Esa sensación no necesariamente significa que seas poco paciente, poco sociable o que “te tomes todo demasiado a pecho”.
Es posible que hayas pasado gran parte del día realizando un tipo de esfuerzo que pocas veces aparece en las descripciones de cargo: regular tus emociones para expresar la actitud que tu trabajo espera de ti.
A este esfuerzo se le conoce como trabajo emocional.
No solo trabajamos con lo que hacemos
Cuando pensamos en las exigencias de un empleo, solemos considerar elementos como:
- cantidad de tareas;
- horarios;
- metas;
- carga física;
- conocimientos técnicos;
- atención requerida;
- velocidad de respuesta.
Pero muchos puestos también incluyen reglas, explícitas o implícitas, sobre cómo debe sentirse o comportarse una persona frente a los demás.
Por ejemplo:
“Debes atender siempre con una sonrisa.”
“No puedes mostrar molestia.”
“Mantén la calma, aunque el cliente sea agresivo.”
“Transmite seguridad.”
“No lleves tus problemas personales al trabajo.”
“Debes demostrar entusiasmo.”
Estas expectativas hacen que la expresión emocional se convierta en parte de la labor.
La persona no solo entrega un producto, responde una pregunta o realiza un procedimiento. También debe producir una experiencia emocional para quien está al frente.
¿Qué es el trabajo emocional?
El trabajo emocional se refiere al esfuerzo de gestionar sentimientos y expresiones para mostrar las emociones que una organización, una ocupación o una situación laboral considera apropiadas.
Puede aparecer en numerosos contextos:
- atención al cliente;
- salud;
- educación;
- ventas;
- hotelería y gastronomía;
- transporte;
- servicios de emergencia;
- liderazgo;
- trabajo social;
- recursos humanos.
No siempre es negativo.
Expresar calma, amabilidad o empatía puede facilitar las relaciones, reducir conflictos y ayudar a que una persona realice bien su trabajo.
El problema aparece cuando existe una distancia constante entre lo que alguien siente y lo que debe mostrar, especialmente cuando no tiene oportunidades para recuperarse.
Sonreír también puede ser una tarea
Imagina que una persona llega a trabajar después de haber dormido mal.
Durante el día recibe quejas, enfrenta a usuarios impacientes y debe resolver problemas que no dependen completamente de ella.
Puede sentir frustración, cansancio o preocupación.
Pero su cargo le exige mantener un tono amable.
Por eso debe observar continuamente su expresión, controlar sus palabras, regular su tono de voz y evitar que el malestar sea visible.
Cada interacción puede requerir una pequeña corrección interna:
“No respondas de esa manera.”
“Mantén la calma.”
“Sonríe.”
“No demuestres que estás molesto.”
“Haz que la otra persona se sienta escuchada.”
Una sola interacción puede parecer sencilla.
Cuando el proceso se repite decenas de veces durante una jornada, el esfuerzo se acumula.
Actuación superficial y actuación profunda
La investigación suele distinguir dos estrategias principales para gestionar las emociones en el trabajo.
Actuación superficial: Ocurre cuando la persona modifica únicamente su expresión externa. Por dentro puede continuar molesta, triste o frustrada, pero muestra una emoción diferente. Sonríe sin sentir alegría. Habla con calma mientras internamente siente tensión. Simula entusiasmo para cumplir con la expectativa del cargo.
Esta diferencia entre la emoción sentida y la emoción mostrada puede generar disonancia emocional. Distintos estudios han relacionado la actuación superficial con mayor agotamiento emocional, estrés y desgaste.
Actuación profunda: Ocurre cuando la persona intenta modificar internamente lo que siente. Por ejemplo, frente a un usuario molesto, puede intentar recordar que la frustración probablemente se dirige hacia el problema y no hacia ella personalmente. En vez de limitarse a simular empatía, intenta comprender la perspectiva de la otra persona.
Esto no significa que la actuación profunda sea gratuita ni que siempre resulte fácil. Sin embargo, algunos estudios han encontrado que puede relacionarse con consecuencias menos negativas que la actuación superficial, dependiendo del contexto y de los recursos disponibles.
¿Por qué puede producir tanto cansancio?
Regular las emociones requiere atención.
La persona debe reconocer lo que siente, evaluar si puede expresarlo, controlar su reacción y producir una respuesta compatible con las expectativas del cargo.
Este proceso puede intensificarse cuando:
- existen interacciones constantes;
- las personas atendidas son agresivas o poco respetuosas;
- no hay pausas entre una conversación y otra;
- las reglas emocionales son muy rígidas;
- la persona tiene poca autonomía;
- la organización exige amabilidad, pero no protege al trabajador;
- los problemas no pueden resolverse realmente;
- se debe ocultar el malestar durante muchas horas.
El agotamiento no se produce solamente por sentir una emoción negativa. También puede surgir del esfuerzo constante por impedir que esa emoción sea visible.
“Solo estuviste conversando”
Uno de los problemas del trabajo emocional es que resulta difícil de observar.
Una tarea física deja señales visibles. Una tarea administrativa puede medirse mediante documentos, respuestas o resultados.
La regulación emocional ocurre principalmente dentro de la persona.
Desde afuera, alguien puede parecer tranquilo y cordial. Nadie observa el esfuerzo necesario para no llorar, no responder con molestia, sostener una sonrisa, controlar el tono de voz, escuchar una queja repetitiva o continuar atendiendo después de una agresión.
Esto puede provocar que el cansancio sea cuestionado. La persona incluso puede pensar: “No hice nada tan difícil. ¿Por qué estoy tan agotada?”
La respuesta es que conversar no siempre es una actividad ligera. Cuando la interacción requiere vigilancia y regulación emocional constantes, también consume recursos psicológicos.
No es lo mismo empatía que disponibilidad ilimitada
En trabajos de atención suele esperarse que las personas sean empáticas. La empatía puede contribuir a comprender necesidades, reducir tensiones y construir confianza.
Pero ser empático no significa aceptar cualquier trato.
Una organización no debería utilizar frases como “el cliente siempre tiene la razón” para normalizar insultos, amenazas, humillaciones, acoso, agresiones o exigencias imposibles.
Cuando una empresa exige cordialidad, pero no establece límites frente al abuso, traslada el costo emocional directamente al trabajador. La persona debe proteger la imagen de la organización mientras queda desprotegida frente a la conducta de otros.
El trabajo emocional no aparece solo en atención al cliente
Aunque suele asociarse con servicios, el trabajo emocional está presente en muchos otros cargos:
Jefaturas: Un líder puede tener que transmitir calma durante una crisis, aunque también esté preocupado.
Profesionales de la salud: Deben acompañar dolor, incertidumbre y miedo, manteniendo al mismo tiempo precisión y contención.
Docentes: Necesitan mostrar paciencia y disponibilidad incluso en jornadas de alta demanda.
Recursos Humanos: Pueden comunicar decisiones difíciles, contener reacciones y representar a la organización frente a conflictos.
Emprendedores: Frecuentemente deben proyectar confianza ante clientes o equipos, aunque exista incertidumbre financiera.
Cuando el trabajo emocional se vuelve un riesgo
No toda regulación emocional produce un daño. Las personas ajustamos naturalmente nuestras expresiones según la situación.
El problema aumenta cuando la regulación ocupa gran parte de la jornada, ocurre frente a agresiones frecuentes, impide expresar cualquier emoción auténtica o no cuenta con pausas ni apoyo.
Cuando la persona siente que debe interpretar un personaje durante toda la jornada, puede comenzar a experimentar desconexión respecto de sí misma o del sentido de su trabajo.
¿Qué pueden hacer las personas?
- Identificar el esfuerzo: Nombrar el trabajo emocional permite dejar de interpretar el cansancio como una falla personal.
- Crear momentos de transición: Después de una interacción difícil, una pausa breve puede ayudar a disminuir la activación antes de atender a la siguiente persona.
- Diferenciar responsabilidad y control: Puedes responsabilizarte por entregar una atención respetuosa, pero no puedes controlar completamente la reacción de la otra persona.
- Evitar llevar cada conflicto a lo personal: En algunos casos, la frustración del usuario se dirige al sistema, no hacia quien lo atiende.
- Hablar sobre las situaciones difíciles: Compartir una experiencia con compañeros o supervisores ayuda a procesarla.
- Recuperarse fuera del trabajo: Las actividades que no exigen una nueva actuación social resultan especialmente importantes.
¿Qué deberían hacer las organizaciones?
- Reconocer el trabajo emocional: Considerar las exigencias emocionales reales en los programas de prevención.
- Establecer límites frente a agresiones: Procedimientos claros para interrumpir la atención ante insultos o acoso.
- Incorporar pausas: Evitar que una persona pase directamente de una interacción hostil a otra sin recuperarse.
- Capacitar sin culpabilizar: Entregar herramientas de regulación sin responsabilizar al trabajador de toda interacción difícil.
- Apoyar desde la jefatura: Escuchar y respaldar al equipo ante situaciones complejas.
- Crear espacios seguros: Permitir expresar el malestar sin que sea visto como falta de profesionalismo.
El bienestar no consiste en actuar mejor
Muchas estrategias de servicio se concentran en mejorar la experiencia del cliente. Eso es importante, pero no debería lograrse deteriorando de forma constante la experiencia del trabajador.
Una atención humana requiere que ambas partes sean tratadas como personas. Quien atiende no es una interfaz emocional diseñada para absorber cualquier frustración. Tiene límites, emociones y necesidades de recuperación.
Estar agotado no significa ser poco tolerante
Puedes haber pasado el día sentado y terminar exhausto. Puedes haber sonreído y, al mismo tiempo, haber sentido tensión durante horas. Puedes haber atendido correctamente y necesitar silencio al llegar a casa.
Nada de esto demuestra necesariamente falta de compromiso. Puede significar que realizaste una tarea emocional intensa que no aparece en los registros, pero que formó parte real de tu jornada.
Pregunta para la comunidad
¿Alguna vez terminaste completamente agotado después de pasar todo el día atendiendo o conteniendo a otras personas?
En PsicoWork buscamos hacer visible la psicología que ya existe en nuestra vida laboral. Porque no todo el trabajo puede observarse en una lista de tareas. A veces, la parte más exigente de la jornada es precisamente la que nadie ve.
• Hülsheger, U. R. et al. Investigación sobre regulación emocional, actuación superficial y agotamiento.
• Scherer, S. et al. Modelo multidimensional de trabajo emocional y agotamiento.
• Kim, S. et al. Estudio sobre demandas laborales, trabajo emocional y burnout.